Caminando por el tiempo

Borges utilizaba la metaficción como uno de los principales ejes de sus narraciones; defendía que la escritura es un complejo entramado del devenir continuo de la literatura del pasado y del presente, nos empujaba a los laberintos del tiempo y nos presentaba universos irreales. Todos estos elementos forman parte de los recursos que con gran destreza maneja Juan Gómez Bárcena en su libro de relatos Los que duermen. Aquí se perciben lecturas de grandes obras como Las mil y una noches y de autores como Homero, Swift o Cortázar entre otros. Se trata de una colección de cuentos que pivotan sobre los conceptos del tiempo y el valor de la palabra. En Cuaderno de bitácora, unos navegantes son arrastrados hasta un pueblo en el que cada palabra tiene un precio y sólo aquel que posee riqueza puede tener un gran vocabulario, como si en los límites de su lenguaje estuvieran, parafraseando a Wittgenstein, los límites de su mundo. En los relatos siguientes los personajes avanzan hacia el este para escapar del destino retrocediendo en el tiempo aunque su historia se resuelva en el periodo de una vida real. El autor utiliza el nivel de abstracción histórica propia de los mitos y los personajes se enfrentan a sí mismos en la soledad de sus penurias. El presente abre puertas que oculta el pasado remoto y muestra el futuro, con máquinas que miran al cielo esperando a los dioses, en Zigurat, el “topocosmos” del que hablaba Kermode. El sinsentido y la mentira del Tercer Reich también asoman con un idílico campo de concentración. Aparecen fantasmas antiguos que intentan organizar el caos del mundo. Se nos muestra la mentira cruel, la perversidad innecesaria de una hija con su madre en el tedio de la convivencia. Y en los últimos relatos llegamos al final apocalíptico de los tiempos donde los protagonistas tienen la necesidad de mirar al pasado para intentar resolver preguntas sin respuestas sobre sentido de la existencia o el papel del hombre en el mundo. Algunos hechos y algunos personajes irrumpen en distintos relatos para mantener un hilo conductor a lo largo de todo el libro. Son textos imaginativos, condensados, que no renuncian a la insinuación lírica ni al poder de la sugestión y que guardan el misterio de las grandes narraciones que nos hacen disfrutar a los amantes del cuento.













Los que duermen
Juan Gómez Bárcena 

Editorial: Salto de Página, 2012.

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