Italo Calvino y Mercurio

Para todos los que admiramos la literatura de Italo Calvino, conocer algunos aspectos de su vida resulta entrañable. Ermitaño en Paris nos revela sucesos esenciales que marcaron su vida, forjaron su personalidad y definieron su obra. Cuando en 1984 un periodista del New York Times Book Review preguntó a Italo Calvino qué personaje de ficción o no ficción le hubiera gustado ser, respondió: 
"Me hubiera gustado ser Mercurio. De sus virtudes admiro sobre todo la brevedad en un mundo de brutalidad, su ensoñadora imaginación —como el poeta de la reina Mab— y al mismo tiempo su sabiduría, como voz de la razón en medio de los fanáticos odios entre Capuletos y Montescos. Se mantiene fiel al viejo código de la caballería al precio de su vida, tal vez simplemente por razones de estilo, pero sigue siendo un hombre moderno, escéptico e irónico; un Don Quijote que sabe muy bien qué son los sueños y qué es la realidad, y que vive ambos con los ojos abiertos". 
“I would like to be Mercurio. Among his virtues, I admire above all his lightness, in a world full of brutality, his dreaming imagination —as the poet of Queen Mab— and at the same time his wisdom, as the voice of reason amid the fanatical hatreds of Capulets and Montagues. He sticks to the old code of chivalry at the price of the life perhaps just for the sake of style and yet her is a modern man, skeptical and ironic; a Don Quixote who knows very well what dreams are and what reality is, and he lives both with open eyes”. 








Ermitaño en París. Páginas autobiográficas (Eremita a Parigi
Italo Calvino 
Traducción: Ángel Sánchez Gijón
Editorial Siruela (2004)
Biblioteca Calvino, 13

Ricardo Reques, El secreto de Tramell


El secreto de Tramell
Desde la penumbra de la sala pude ver cómo entraba despreocupada y bella, acompañada de dos polis, ceñida por un corto vestido blanco, con unos zapatos de tacón a juego y el pelo recogido. La doctora Elisabeth Garmer me había pedido que fuera al interrogatorio, ella no podía o no quería ir. No me dio explicaciones. 
—Ve tú —me dijo, no como una sugerencia, sino como una orden—, pero mantente al margen, no intervengas y fíjate bien en todos los detalles. 
No me indicó nada más. Solo eso. Pero yo sabía que era algo importante para ella. Por eso supuse que mi futuro profesional en aquel departamento podría depender de lo que averiguase. 
Creía que estaba preparado para todo, me había leído los informes y sabía que aquella mujer era una experta manipuladora, que inventaba miradas cautivadoras para seducir a quien se le pusiera delante de aquellos ojos de cobalto. Según las acusaciones, podríamos estar enfrentándonos a una asesina en serie que utilizaba un picahielos o algo similar para acabar con sus víctimas. Creía que estaba preparado para todo, para todo menos para sus piernas, las largas y tentadoras piernas de Catherine Tramell. 
Todo pasó bastante rápido: ella se sentó, encendió un cigarrillo y comenzó a responder a las preguntas, con una seguridad hiriente, delante de la plana mayor de la comisaría. Sabía cómo manejar a aquellos tipos. Los miraba uno a uno y les respondía con media sonrisa, buscando siempre la complicidad de uno de los polis, Nick Curran, el ex de mi jefa, un salido que, desde que la vio, solo pensaba en tirársela.
Sentada se quitó la chaqueta y dejó sus hombros al descubierto. El cuello alto del vestido estilizaba aún más su figura. Pero pasó algo que ella no había podido prever. Fueron unos segundos, solo cuatro segundos, el tiempo que tardó en levantar las piernas que tenía cruzadas para volver a cruzarlas en sentido contrario. Sus tremendas y fantásticas piernas. Solo cuatro segundos. Primero levantó su pierna izquierda, que se apoyaba sobre el muslo sólido de la derecha, la bajó y la puso paralela a esta; luego, tras una ligera pausa, elevó la derecha y la cruzó provocadoramente sobre la primera. Después, el balanceo coqueto y medido de su pie mientras contemplaba el efecto que aquel encantador movimiento había tenido sobre los rostros de los inquisidores. Cuatro segundos que aceleraron el pulso de todos los presentes. Y fue en el momento en el que tenía las piernas en paralelo, con los pies apoyados sobre el suelo cuando, bajo su corta falda, mostró su íntimo secreto. 
Pero no siempre coincide lo que vemos con lo que creemos ver. El cerebro a veces nos juega malas pasadas y nos impide ver lo improbable. Lo que nos perturbó, lo que perturbó especialmente al gordito sudoroso que la interrogaba y al capullo de Nick, fue lo que creímos ver: su sexo desnudo y apetecible. Con los vídeos, sin embargo, pude hacer otra lectura bien distinta de aquella primera percepción. Porque allí, en ese hueco íntimo que guardaba entre aquellas estupendas piernas, estaban todas mis respuestas.
Tardaron varios días en pasarme las cintas. Me dio tiempo de leer la última de sus mediocres novelas y ocurrieron muchas cosas, algunas especialmente desagradables. Decidí ir a verla a pesar de la reiterada oposición de Nick, ese carca que no dejaba de pavonearse delante de ella ni siquiera tras la muerte de Elisabeth. Me acerqué a la casa que tenía en la playa y la vi salir de un mar helado. Su cuerpo, cuando se ajustaba el bikini, me pareció frágil y tembloroso. 
—Yo no he matado a nadie —me dijo con su mirada azul clavada en mis ojos. Tú piensas que fui yo, pero yo no lo hice, aunque podría haberlo hecho. Todos tenemos derecho a buscar el placer y la felicidad. ¿Por qué iba a tener más derecho a ser feliz aquel que disfruta haciendo el bien que otro que disfruta haciendo el mal? ¿Te has parado a pensarlo alguna vez, eh Rick? ¿Lo has pensado alguna vez? Los polis solo buscáis la respuesta más sencilla, el camino más directo, pero a veces la solución puede estar oculta en complejos e insólitos laberintos y el culpable puede ser también víctima.
Su cara estaba muy cerca de la mía, tanto que podía respirar su aliento susurrante.
—No soy policía —respondí. Y me fui con la certeza de que aquellos lúcidos y jugosos labios no habían mentido.
Encargué comida china y me encerré para ver el vídeo del interrogatorio, el reflejo de la luz seca de la luna perforaba la pantalla. Poco podía imaginar que mi licenciatura en Biología iba a ser más útil en aquel momento que mi doctorado en Psicología. No tardé mucho en darme cuenta: de su sexo, en una diminuta fracción de tiempo, asomó algo que se parecía mucho a un tentáculo. Entonces me acordé de Plinio, de Trebio Nigro y rebusqué en los manuales medievales de criptozoología de la biblioteca de mi abuelo. La definición aparece en el Libro de las Maravillas Infernales, escrito entre 1260 y 1299, en el capítulo dedicado a los monstruos híbridos con la entrada “uteroctopus”:
Uteroctopus o pulpo de las sirenas: igual que hay cangrejos, a los que llaman ermitaños que, desprovistos de caparazón, utilizan caracolas como morada, el uteroctopus es una especie de pulpo que vive en el útero de sirenas y mujeres. Los marineros del Norte dicen que aprovechan el descuido de mujeres osadas que, desnudas, acuden a jugar en el rompiente de las olas. En ellas se introducen y les producen gran placer. Necesitan ir al mar con frecuencia, comen solo en luna llena y conciben y paren por la boca. 
Según lo que recabé en otros textos, para alimentarse sujetan a su presa con los tentáculos y luego la perforan y desgarran con el par de mandíbulas en forma de pico o estilete. Esta pudo ser la causa de la muerte de Philógenes Cyterio y otros ilustres del pasado que mantuvieron relaciones con aquellas mujeres poseídas por uno de esos pulpos vaginales.
El resto de la noche la pasé contemplando con metódica y lasciva obsesión, una y otra vez, aquel magnífico cruce de piernas. Esperé al amanecer; a esa hora el estúpido de Nick ya estaría muerto y el uteroctopus de Kate bien alimentado y escondido. Ya no había nada que me impidiese acercarme a ella. 

Ricardo Reques, El secreto de Tramell.

Cuentos de Cine. Asociación Cultural Mucho Cuento.2010.

Rimbaud: El durmiente del valle (Le dormeur du val)

Hay poemas que son relatos perfectos.








El Barco Ebrio y otros poemas 
Arthur Rimbaud
Nordicalibros, 2010
Ilustraciones: Alicia Martínez
Traducción: Carmen Morales y Claude Dubois. 

Shakespeare Quotations

Shakespeare es en literatura, todos y ninguno como dijo alguna vez Borges. Aunque siempre me han fascinado las tragedias del autor británico, aprendí a reconocer la profundidad de su obra, su singularidad y a disfrutar de sus múltiples matices leyendo a Harold Bloom, el crítico literario que ha consagrado su vida al estudio del hombre de Stratford. Shakespeare es siempre una referencia, a él siempre vuelvo para buscar la genialidad, la frase perfecta, la construcción redonda de un personaje. Conocedor de mi gran admiración por este autor, hace unos días, un amigo me regaló “Shakespeare Quotations”, un cuidado diccionario de citas con más de 3000 entradas organizadas por temas y por obras que nos puede ayudar a disfrutar jugando con la metaliteratura sin salir de Shakespeare. 






The Arden Dictionary of Shakespeare Quotations 
Compiled by Jane Armstrong
Methuen Drama, 2010

Distorsiones de David Roas

Parece que la literatura fantástica va estrechamente ligada al cuento más que a ningún otro género literario. Y es que en el cuento, la brevedad juega a favor de la sorpresa. Un buen ejemplo del cuento fantástico actual lo encontramos en el libro Distorsiones de David Roas. El volumen lo conforman veintinueve cuentos en los que predominan los personajes solitarios, cargados de obsesiones y, en cierto modo, frustrados, apartados de una sociedad que no ve lo que ellos ven, que no siente como ellos sienten. Todos los relatos parten de una realidad cotidiana a la que se añaden elementos que la distorsionan hasta sumergirla en mundos de irrealidad; unos mundos fantásticos que pueden ser, a veces, claramente patológicos y, otras, tocar los espacios del surrealismo pero siempre están enmarcados por un sutil sentido del humor.
La primera parte, con el título de Espejismos, la componen veinte cuentos cargados de ingenio. Allí podemos encontrar, entre otras historias, la cautivadora obsesión que produce la visión de una casa en medio de un trayecto de tren, las elucubraciones cargadas de envidias de un astronauta que no ha sido llamado para la gloria, la naturalidad con la que un joven militar alemán vive el más crudo de los espantos, cómo una simple cortina de un avión puede separar el placer del horror, el enterrador de un cementerio que sólo contabiliza los años buenos que han vivido las personas sin importarle sus años biológicos, la vida anodina de una chica que tiene una revelación al leer un artículo en la prensa sensacionalista, la risa inquietante de un bebe que aún no ha nacido, realidades que se desdoblan, pactos con el diablo firmados desde la indiferencia, muertos —un adulto y un niño— a los que nadie les ha advertido de su nuevo estado, deseos reprimidos ante un vendedor de esperanzas, la realidad sin sentido de un montañista que sufre una insólita metamorfosis o la historia de un hombre que al entrar por la puerta de su casa se ve de nuevo en la calle.
En la segunda parte, bajo el título Asimetrías se presentan nueve microcuentos entre los que predomina el tema de la muerte y la incierta relación, cargada de temor a lo desconocido, entre lo vivo y lo muerto. Con ingeniosos puntos de vista, pero siempre con un toque jocoso y de fina ironía, regresamos a las leyendas de vampiros cuando se hacen realidad en la mente de un niño, advertimos la imposible comunicación entre  espíritus o fantasmas con nuestro mundo, descubrimos la apacible ruptura que la muerte puede provocar en una insistente rutina o asistimos a la celebración familiar de una muerte anunciada. Completan esta colección cuatro brillantes microcuentos surrealistas donde los personajes narradores se ven sorprendidos por una extraña lluvia de una tarde calurosa, la inquietante luz que desprende una casa dibujada, la insólita coincidencia de un número de habitación en diferentes hoteles o la genial contemplación de un espejo que refleja una imagen retrasada.
La solución de cada cuento, siempre imaginativa y sorprendente,  puede estar escondida en una sola frase que da un vuelco al relato, un giro con el que toma un sentido diferente al esperado. 














Distorsiones 
David Roas
Páginas de Espuma, 2010